Dianne Crawford, SP – 50º Jubileo

“Ser una Hermana de la Providencia es lo que estaba destinado a hacer”, explica Sor Dianne Crawford.  Es una declaración simple y directa, sin una pizca de vacilación o de duda y dicha con verdadera alegría y convicción.

La Hna. Dianne irradia su amor por su vocación y su alegría por el cuidado de los ancianos en todo momento.  Su deseo de cuidar a los ancianos, explica, se remonta incluso a antes de que pudiera caminar.

 “Mi abuela me cuidaba porque mis padres tenían que trabajar”, dice.  “Cuando una amiga le dijo a mi abuela que debía ser una gran carga, mi abuela dijo que no era ninguna carga.  Me ponía cerca de mi abuelo enfermo y le cantaba y le daba palmaditas”.

La hermana Dianne creció en la isla de Vashon, la más grande del sonido Puget, en cinco acres.  Se deleita contando historias de su onerosa cabra y de la tranquilidad que encontraba en el estanque de la granja.  Pero se pone más sombría cuando recuerda, con un cariño muy especial, a su hermana gemela que murió al nacer.

 “Echo mucho de menos a Suzanne, pero puedo sentir su presencia durante toda mi vida”, dice.  “De hecho, mi madre me dice que mi primera palabra fue hermana.  Sé que Suzanne está con Dios”.  

La Hna. Dianne tiene también dos hermanos y otra hermana.  El cuidado de los ancianos es un rasgo familiar, ya que uno de sus hermanos se sintió llamado a cuidar de su abuela y tía hasta su muerte.   Su padre era católico y su madre protestante, por lo que su familia extendida también era mixta. Su padre trabajaba en los astilleros de Seattle y su madre trabajaba fuera de casa de forma intermitente.  

Fue a la escuela pública, pero finalmente convenció a su padre para que le permitiera asistir al Immaculate High School de Seattle durante sus dos últimos años.  Tomaba el ferry desde Vashon con su padre y su hermano cuando iban a trabajar a los astilleros, y luego dos autobuses hasta llegar a la escuela, una hora antes.  Las actividades extraescolares no eran posibles.

Su padre era reacio a que entrara en la vida religiosa, pero le dijo que si realmente tenía que hacerlo, sólo le daría su bendición si entraba en las Hermanas de la Providencia.  Ellas “entienden a la gente”, recuerda que le dijo.   

No recuerda ningún momento en el que no quisiera ser religiosa.  Entró en el noviciado a los 20 años en una casa cerca de la Universidad de Washington.

La Hna. Dianne tiene una forma de conectar con la gente que va más allá de las palabras.  Habla de su visita a Montreal:

“Hay varias cosas que me impresionaron mucho: los largos pasillos de la casa madre, la belleza de la capilla de la Maison de la Providence y la magnificencia de la basílica de Notre Dame. Pero lo que más me sorprendió y encantó fueron nuestras Hermanas. Fuéramos donde fuéramos, nos recibían con alegría, amor y calidez. Me sentí realmente en casa.

“Aunque no hablábamos el mismo idioma, sentía que podía entender lo que decían mis compañeras a través de sus expresiones y gestos”, explica.

Tras graduarse en la Universidad de Seattle, la Hna. Dianne fue enfermera práctica y luego enfermera titulada. Dianne ha prestado sus servicios en hospitales y centros de atención a la tercera edad en Olympia, Everett y Portland.  Cuenta una historia tras otra de cómo se fortalece gracias a las personas a las que ha servido.

 “Después de un día terrible, una hermana mayor me sonrió y alivió todo el estrés”.  “La hermosa sonrisa de la hermana fue como si viera el rostro de Dios”. “Aquí, en la Residencia San José, el mero hecho de sentarse y visitar a las hermanas produce alegría”.

 “El amor de Dios siempre está creciendo, ya sea que estés sirviendo a alguien o que ellos te sirvan a ti.  Es un círculo continuo”, dice cuando reflexiona sobre su ministerio.

La Hna. Dianne dice que no se ha arrepentido ni un solo día de su vocación:

 “Cuando llegas al trabajo de tu vida, tienes que venir con el corazón abierto”, explica.  “Estar abierto a todo lo que se te presente.  Si estás abierto, aprenderás lo que necesitas aprender y Dios estará ahí”.

Le gusta el arte y la música, aunque no toca ningún instrumento.  Lee biografías, religión, teología y ciencia para disfrutar y edificar. 

Cuando habla de sus hermanas en la vida religiosa, la conversación gira en torno a su hermana gemela y se consuela recordando que está con Dios.

 “Siempre he creído en la Providencia, la que ha creado todo lo que está vivo y crece”, reflexiona.  “Nuestras vidas nos muestran cuánto nos ama Dios para permitirnos trabajar en un ministerio que amamos tanto”.

Lea más sobre la Hna. Diane en este perfil de su ministerio – CARITAS,Sum07,6.15 (sistersofprovidence.net) 

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