{"id":21549,"date":"2007-01-01T08:00:00","date_gmt":"2007-01-01T16:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/reflexiones-de-sor-margaret-botch\/"},"modified":"2007-01-01T08:00:00","modified_gmt":"2007-01-01T16:00:00","slug":"reflexiones-de-sor-margaret-botch","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/reflexiones-de-sor-margaret-botch\/","title":{"rendered":"Reflexiones de Sor Margaret Botch"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\">\n<h3>Oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana<\/h3>\n<p><em>23 de septiembre de 2006<\/em><\/p>\n<\/div>\n<hr width=\"150\">\n<figure id=\"attachment_871\" aria-describedby=\"caption-attachment-871\" style=\"width: 250px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/sistersofprovidence.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/margaret_botch_60-1.jpg\"><img decoding=\"async\" data-src=\"https:\/\/sistersofprovidence.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/margaret_botch_60-1.jpg\" id=\"longdesc-return-871\" class=\"size-full wp-image-871 lazyload\" tabindex=\"-1\" src=\"data:image\/gif;base64,R0lGODlhAQABAIAAAAAAAP\/\/\/yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7\" alt=\"Margaret Botch\" width=\"250\" height=\"310\" longdesc=\"https:\/\/sistersofprovidence.net?longdesc=871&amp;referrer=1463\"><figcaption id=\"caption-attachment-871\" class=\"wp-caption-text\"><noscript><img decoding=\"async\" id=\"longdesc-return-871\" class=\"size-full wp-image-871\" tabindex=\"-1\" src=\"https:\/\/sistersofprovidence.net\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/margaret_botch_60-1.jpg\" alt=\"Margaret Botch\" width=\"250\" height=\"310\" longdesc=\"https:\/\/sistersofprovidence.net?longdesc=871&amp;referrer=1463\"><\/noscript><\/a>  Margaret Botch, SP<\/figcaption><\/figure>\n<h3>Celebrar el favor de Dios<\/h3>\n<p><strong>Lectura del Evangelio: Mateo 25: 32-40<\/strong><br \/>\n<em>Citas de archivos<br \/>\n<\/em><br \/>\n<strong>Hoy celebramos el favor de Dios con esta oraci\u00f3n matutina.<\/strong>  Nuestro Evangelio es sorprendente. Proclama el favor de Dios: la promesa de una herencia; pero tambi\u00e9n es una palabra de juicio y un desaf\u00edo. Es una llamada al cuidado, al valor y a la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Venid, vosotros a quienes mi Padre ha bendecido. Tomad por herencia el reino preparado para vosotros desde la fundaci\u00f3n del mundo &#8211; Os lo digo solemnemente: en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed me lo hicisteis.<\/p>\n<h4>Una llamada a la compasi\u00f3n &#8230;<\/h4>\n<p>Hoy es el aniversario de la muerte de la beata Emilia Gamelin, fundadora de las Hermanas de la Providencia. Puede que muchos de ustedes conozcan la historia de c\u00f3mo muri\u00f3 en 1851, pero \u00bfsaben que 13 a\u00f1os antes -cuando era laica y antes de fundar las Hermanas de la Providencia- tuvo una experiencia cercana a la muerte?<\/p>\n<p>Seg\u00fan cuenta la historia, contrajo la fiebre tifoidea y no se pudo hacer nada por ayudarla. Finalmente qued\u00f3 inconsciente. Las ancianas que cuidaba y varios amigos, entre ellos su director espiritual (el padre St. Pierre), estaban reunidos junto a su cama. Creyeron que se mor\u00eda.<\/p>\n<p>Pero, de repente, abri\u00f3 los ojos. Entonces vio al padre St. Pierre y sonri\u00f3. Con voz d\u00e9bil dijo: \u00abVi el lugar preparado para m\u00ed en el cielo. Vi a mi marido y a mis hijos. Intentaron tenderme la mano para que viniera. Pero entonces Nuestra Se\u00f1ora -nuestra Sant\u00edsima Madre- me despidi\u00f3. \u00abNo seas impaciente\u00bb, me dijo. \u00abNo vas a morir ahora\u00bb.<\/p>\n<p>Luego me ense\u00f1\u00f3 mi corona. Apenas ten\u00eda joyas. No estoy preparado para morir. Necesito m\u00e1s caridad. Necesito ser m\u00e1s humilde antes de estar preparado para o\u00edr a Dios decir: \u00abTomad por herencia el reino preparado para vosotros desde la fundaci\u00f3n del mundo.\u00bb<\/p>\n<h4>Su vida estuvo marcada por la humildad y el valor<\/h4>\n<p>Incluso parec\u00eda tener sentido del humor al aceptar el reto de preocuparse m\u00e1s. Su vida estuvo marcada por la humildad y el valor. Esta era la mujer, cuyo segundo nombre se convirti\u00f3 en compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber.<\/p>\n<p>Las palabras de la Madre Jos\u00e9 que acabamos de escuchar tambi\u00e9n nos trasladan a sus \u00faltimos d\u00edas y -por suaves que sean- son palabras de juicio y desaf\u00edo.<\/p>\n<p>El 8 o 9 de enero de 1902 (los relatos var\u00edan), el obispo Edward J. O&#8217;Dea interrumpi\u00f3 su visita pastoral a la di\u00f3cesis y regres\u00f3 a Vancouver expresamente para administrar la extremaunci\u00f3n a la Madre Joseph.<\/p>\n<p>Las cr\u00f3nicas describen de nuevo la escena y recogen el \u00faltimo testamento de la Madre Joseph a sus hermanas: \u00abPaz y felicidad reflejadas en su rostro, tan demacrado y roto por el sufrimiento&#8230; Despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, habiendo hecho su profesi\u00f3n de fe con todo el ardor de que era capaz su coraz\u00f3n y renovando sus votos con voz fuerte, pidi\u00f3 perd\u00f3n a la Comunidad con estas palabras:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>Hermanas m\u00edas, os pido perd\u00f3n por el dolor que os haya podido causar. Yo tambi\u00e9n te perdono de todo coraz\u00f3n &#8211; me encomiendo a tus oraciones. Me encanta mi Comunidad y siempre me ha encantado.<\/em><\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>Me alegro de morir como miembro de la Comunidad &#8211; siempre me he sentido feliz de gastarme por las obras del Instituto y esto en la medida de mis posibilidades.<\/em><\/p>\n<p>Tras una pausa, continu\u00f3 con las palabras que hab\u00edamos o\u00eddo antes:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>Permitidme que os recomiende el cuidado de los pobres tanto en las instituciones como fuera de ellas; no teng\u00e1is miedo de socorrer a los pobres y de acogerlos: entonces no tendr\u00e9is remordimientos. No digas: \u00a1Ah! Esto no me concierne, que se ocupen otros. \u00bfLo que concierne a los pobres es siempre asunto nuestro?<\/em><\/p>\n<p>De nuevo, una palabra de juicio y desaf\u00edo. Una llamada al valor, la atenci\u00f3n y la compasi\u00f3n.<\/p>\n<h4>Afrontar el reto<\/h4>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es escuchar el clamor de los pobres cuando uno mismo es pobre? \u00bfY si te llaman para hacer algo para lo que eres totalmente inadecuado? \u00bfQu\u00e9 requiere? Una vez m\u00e1s, volvemos a nuestras pioneras Hermanas de la Providencia, como o\u00edmos en la lectura de los archivos sobre nuestra misi\u00f3n con los nativos americanos.<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>Nuestros corazones se llenaron de alegr\u00eda cuando pasaste por nuestro pa\u00eds. Ahora quiero que vengas a vivir con nosotros y ense\u00f1es a nuestras ni\u00f1as. Nuestros padres, los Blackrobes, cuidan de nuestros chicos y estamos contentos; pero nuestras chicas son hu\u00e9rfanas. Son ignorantes y siempre lo ser\u00e1n, a menos que t\u00fa vengas. Cuando fui a verte, me acogiste tan bien que pude ver lo bien que te caen los indios; ahora quiero que le pidas al jefe de las mujeres Blackrobes que nos d\u00e9 hermanas.<\/em><\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px; text-align: right;\">Seltice, Jefe de los Coeur d&#8217;Alene, a Catherine, S.P., 1870<\/p>\n<p>El padre jesuita Peter John DeSmet sab\u00eda que hab\u00eda encontrado la comunidad religiosa adecuada para asumir el papel de educador de sus queridas tribus indias. Se trataba de un grupo reci\u00e9n llegado deseoso de trabajar con los nativos y dispuesto a atravesar terrenos escarpados para cumplir su vocaci\u00f3n en zonas remotas.<\/p>\n<p>El 17 de septiembre de 1864 Madre Mar\u00eda del Ni\u00f1o Jes\u00fas, 37 a\u00f1os, Mary Edward, 32 a\u00f1os. Paul Miki, de 21 a\u00f1os, y Remi, de 18, se embarcaron en una caravana de tres sacerdotes jesuitas, dos porteadores de equipaje y un hombre para emergencias, y partieron a caballo desde Walla Walla hacia la misi\u00f3n de San Ignacio, en la reserva Flathead de Montana. San Ignacio se convirti\u00f3 en el nuevo hogar de las hermanas, que bautizaron su escuela femenina con el nombre de la Sagrada Familia. La vida era dura tanto para los indios como para los colonos de la zona. Los problemas llegaron a su punto \u00e1lgido en 1866, cuando un jefe indio dio un ultim\u00e1tum a las hermanas. Una de las hermanas narr\u00f3 m\u00e1s tarde la historia:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>Cuando las primeras Hermanas llevaban dos a\u00f1os en San Ignacio, todav\u00eda no sab\u00edan hablar muy bien la lengua salish. El viejo jefe vino a la escuela a echarlos. Me dijo: \u00abSi no puedes aprender la lengua india, vuelve a Montreal. No nos sirves aqu\u00ed\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>La Madre Mar\u00eda del Ni\u00f1o Jes\u00fas estaba muy angustiada, pero pidi\u00f3 m\u00e1s tiempo y rez\u00f3 al respecto. Ofreci\u00f3 un gran sacrificio a Dios para dar m\u00e1s peso a sus oraciones: prometi\u00f3 no leer ning\u00fan correo de su familia de Montreal. Como el correo llegaba aproximadamente una vez al a\u00f1o desde Fort Benton, en la parte alta del r\u00edo Misuri, era un gran sacrificio. Ese a\u00f1o las Hermanas aprendieron la lengua salish. Adem\u00e1s, las j\u00f3venes Hermanas se las ingeniaban para rescatar de la papelera el correo sin abrir de mam\u00e1, leerlo y soltarle las noticias para que se enterara de vez en cuando. Con el tiempo, la misi\u00f3n y sus escuelas para ni\u00f1as y ni\u00f1os prosperaron.<\/em><\/p>\n<p>Las hermanas y la Madre Mar\u00eda de esta historia se preocupaban de verdad. Ella ten\u00eda coraje, y los dem\u00e1s, incluso entre ellos, viv\u00edan la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>La lectura de mi hermana, Bernadette Botch, es tambi\u00e9n un reto y un juicio. Es una llamada a dar la vida por la misi\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"margin-left: 40px;\"><em>Hemos ordenado nuestras vidas para que sirvan a la justicia y a la verdad. Hemos reflexionado sobre la presencia de Dios entre nosotros y dentro de nosotros para poder caminar m\u00e1s humildemente con nuestro Dios. La nuestra es una llamada a ir m\u00e1s all\u00e1 de la preocupaci\u00f3n pasiva por los necesitados, a una exigencia de justicia que traiga la paz.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Bernadette Botch, S.P., 1981<\/p>\n<h4>Una historia personal, con un toque de humor<\/h4>\n<p>\u00bfTe importar\u00eda otra historia de lecho de muerte? Creo que soy el \u00fanico testigo de esto. Cuando Bernie se estaba muriendo de c\u00e1ncer en 2000 tuve el privilegio de vivir el viaje con ella. Fue un viaje vital. No hab\u00eda nada pasivo en ello. Dio su vida plena y generosamente.<\/p>\n<p>Cuando se acercaban sus \u00faltimos d\u00edas, me preocupaba que las cosas se estuvieran desmoronando en la di\u00f3cesis de Spokane, ya que Bernie era el director financiero y era incapaz de hacer su trabajo. La inst\u00e9 a dimitir. Pero ella era una persona con un esp\u00edritu de \u00abs\u00ed se puede\u00bb y esto no era algo que pudiera imaginar. Tuvimos varias conversaciones al respecto.<\/p>\n<p>La v\u00edspera de su muerte, el obispo Skylstad fue a verla, como hab\u00eda hecho varias veces. Pasaron un rato juntos en privado. Luego se fue. Despu\u00e9s me sent\u00e9 junto a su cama y me mir\u00f3 con un brillo en los ojos. Susurr\u00f3, con la fuerza que pudo reunir. \u00abLe dije al obispo que me estoy muriendo\u00bb, dijo. Entonces apareci\u00f3 una peque\u00f1a sonrisa: \u00abPero no he dimitido\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces los rectos le responder\u00e1n: Se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ndo te vimos hambriento y te dimos de comer; o sediento y te dimos de beber? \u00bfCu\u00e1ndo te vimos forastero y te acogimos; desnudo y te vestimos; enfermo o en la c\u00e1rcel y fuimos a verte? Y el Rey responder\u00e1, os lo digo solemnemente, en la medida en que hicisteis esto a uno de<br \/>\nal m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos y hermanas, lo hicisteis conmigo.<\/p>\n<p>\u00a1Lo has conseguido! \u00a1T\u00fa me lo hiciste! Lo hab\u00e9is hecho a la m\u00ednima, peque\u00f1os. Lo hiciste con valent\u00eda, cari\u00f1o y compasi\u00f3n. Y quiz\u00e1 un toque de humor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana 23 de septiembre de 2006 Celebrar el favor de Dios Lectura del Evangelio: Mateo 25: 32-40 Citas de archivos Hoy celebramos el favor de&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false,"_members_access_role":[],"_members_access_error":""},"categories":[299],"tags":[],"class_list":["post-21549","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historias-destacadas"],"acf":[],"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21549","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21549"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21549\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21549"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21549"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/sistersofprovidence.net\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21549"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}