Te invitamos a que nos acompañes en los siguientes servicios litúrgicos en memoria de la hermana Helen:
Misa fúnebre
- Martes,29 de septiembre, a las 11:00 de la mañana
- Capilla de la Residencia San José, 480037th Ave SW, Seattle, WA
- Enlace a la retransmisión en directo: https://psjhealth.zoom.us/j/4700453324?omn=93349448175

La hermana Helen Mason, que llevaba 61 años como Hermana de la Providencia, falleció el 28 de agosto de 2026 en el Swedish First Hell Medical Center de Seattle.
La devota y amable hermana Helen, conocida por su sonrisa majestuosa, nació el 6 de noviembre de 1945; era la única hija de Agnes Mary (Ruzicka) y Roland Richard Mason. Se enorgullecía de ser, como ella misma decía, una «chica de granja», y se crió en la granja de sus abuelos maternos, al suroeste de Walla Walla, en Washington.
Su primera inspiración para la vida religiosa le llegó cuando estaba en quinto de primaria, cuando su profesora, la hermana Mary Aquinata, habló a la clase sobre el nuevo programa de formación de hermanas en Issaquah, Washington. Durante toda su infancia, las Hermanas de la Providencia estuvieron muy presentes en la vida de la hermana Helen.
«A varias hermanas les gustaba venir a nuestra granja, así que también las conocía como amigas. Todas tenían personalidades y dones muy diferentes, pero parecían felices con su vocación».
La hermana Helen se graduó en el instituto DeSales de Walla Walla como una de las mejores alumnas de su promoción en 1964, y decidió ingresar en la comunidad más adelante ese mismo año. Entró como novicia en 1965 y profesó sus votos perpetuos en 1973.
Durante esos años de formación, la hermana Helen también persiguió el sueño de toda su vida: convertirse en profesora, inspirada por las hermanas que la habían enseñado de niña y por el ejemplo de una de sus tías. Se licenció en Ciencias Sociales en la Universidad de Seattle en 1969 y obtuvo un máster en Educación Religiosa en 1974. Su primer ministerio como Hermana de la Providencia fue en las aulas, como profesora de sexto de primaria en el colegio St. Francis Xavier de Missoula, Montana (1969-71).
El siguiente paso en su trayectoria le brindó una gran oportunidad, ya que el obispo de Idaho (dentro de la diócesis de Boise) solicitó que dos hermanas pusieran en marcha un programa de educación religiosa en el norte de Idaho. Ella se ofreció voluntaria y, en 1971, empezó a dirigir este ministerio de nueve años, tan exigente como gratificante, de los cuales los últimos siete los llevó a cabo la hermana Helen por su cuenta. Con base en Coeur D’Alene, recorría miles de millas al año en coche, relacionándose con católicos poco activos e inspirándolos.
En 1980, la hermana Helen se mudó al oeste para trabajar en la parroquia de Santa María, en el valle de Spokane, donde se encargaba de coordinar los programas del RICA y de hacer visitas frecuentes a domicilio.
La hermana Helen fue una apasionada del aprendizaje a lo largo de toda su vida, sobre todo en lo que se refiere a la historia de su comunidad religiosa, y en 1988 fue nombrada secretaria provincial de la antigua Provincia de San Ignacio de las Hermanas de la Providencia. Desempeñó ese cargo hasta la fusión de las dos provincias del oeste de EE. UU., que tuvo lugar doce años después. Como parte de este ministerio, la hermana Helen informatizó los expedientes de 800 hermanas que habían prestado servicio en la provincia y también formó parte de los consejos de administración de cuatro hospitales de la Providencia.
En marzo de 2000, la hermana Helen volvió a la granja familiar, cerca de Walla Walla, para vivir con su madre y ayudarla hasta que esta falleció en 2015. Durante esos años, también colaboró en la parroquia de la Asunción (entre otras cosas, llevando la comunión a los feligreses que no podían salir de casa) y escribió las crónicas de Providence Services para 15 centros repartidos por el este de Washington y Montana.
A pesar de haber dedicado gran parte de su vida religiosa a labores que la mantenían geográficamente separada de sus hermanas de la orden, la hermana Helen sabía muy bien cómo mantener vínculos significativos con ellas.
«No he podido disfrutar de ese intercambio, ese compartir y esas actividades comunes que forjan la comunidad. Pero, para mí, la relación con las demás hermanas es lo bastante sólida como para mantener la identidad y la unidad de la comunidad durante los periodos de ausencia».
A los 76 años, la hermana Helen llegó a Seattle en 2022 para pasar sus últimos años junto a sus compañeras en la Residencia de San José. Tenía una capacidad organizativa impecable y sus hermanas la querían mucho por ser una mentora con mucho talento. La recordaremos por su incansable dedicación a hacer del mundo un lugar mejor y la echaremos mucho de menos.
Le precedieron en la muerte sus padres, y le sobreviven sus familiares y las hermanas de su comunidad.
Si quieres, puedes hacer una donación en memoria de la hermana Helen al Fondo de Jubilación de las Hermanas de la Providencia, 1801 Lind Avenue SW, M1-C, Renton, WA 98057-9016.