
La alegría siempre ha sido la base de la vida religiosa para Sr. Paula Cosko — así que es lógico que su viaje empezara con sonrisas. Nacida en Los Ángeles, conoció a las Hermanas de la Providencia por primera vez cuando estudiaba en la escuela parroquial de St. Finbar, en la cercana localidad de Burbank.
En aquella época había otras comunidades de religiosas activas por allí, pero «las Hermanas de la Providencia eran las únicas que sonreían», según la hermana Paula.
Su primera vocación llegó muy pronto. Su profesora de primer curso en St. Finbar era una hermana religiosa, y la hermana Paula quedó encantada. Entró oficialmente en la comunidad a los 18 años, en 1965, y de repente pasó de ser hija única a vivir con 90 candidatas y novicias en Issaquah, Washington.
Desde entonces, la diversidad cultural ha sido tanto una bendición como un tema central en la vida de la hermana Paula. Pasó el verano de 1969 impartiendo clases de educación religiosa más allá del Círculo Polar Ártico, en la pequeña localidad de Kotzebue, en Alaska. Poco después, volvió a «La Última Frontera» —esta vez para pasar tres años en Nome, impartiendo clases de religión a los indígenas de Alaska—.
«Me enseñaron: “Disfruta de lo que tienes y no te lamentes por lo que no tienes”».

Se había encendido en ella una llama apasionada por la educación. Al volver a Seattle, la hermana Paula se sacó la licenciatura en la Universidad de Seattle y no tardó en volver a las aulas. De los siguientes 18 años, pasó catorce dedicándose a la enseñanza como profesora de primaria en el colegio St. Therese, en el Distrito Central de Seattle. En aquella época, el barrio era conocido y valorado por ser una de las comunidades más diversas de Estados Unidos.
En suvigésimo año como Hermana de la Providencia, a la hermana Paula se le presentó la oportunidad de acompañar a un equipo médico a Haití. Para prepararse, estudió francés y criollo, y trabajó como cocinera para el equipo médico.
«Una tarde, mientras estaba en la puerta de la cocina y se ponía el sol, tuve la intensa sensación de que estaba en el reino. Aquello era el reino».
Tras más de dos décadas enseñando a niños, la hermana Paula empezó una nueva etapa en el mundo de la educación en los años 90: dedicarse a los adultos que aprenden inglés como segunda lengua. Se le da de maravilla su trabajo actual: lleva ya 35 años —y sumando— en el cuerpo docente del North Seattle College.

Cada nuevo trimestre, la hermana Paula tiene una clase de entre 25 y 30 alumnos, que suelen proceder de al menos 17 países diferentes.
«He conocido a estudiantes de casi todos los países, islas o continentes del mundo». Te cuento
La hermana Paula también ha formado parte del Consejo Asesor de los Asociados de la Providencia y ahora es la responsable local de la Comunidad Sofía.
Entre sus muchas aficiones e intereses están cocinar (solo desde cero) y cuidar de su colorido jardín, un refugio para la fauna local que lo disfruta tanto como ella. El noroeste del Pacífico le ha sentado de maravilla a la hermana Paula, a quien le encanta pasar tiempo en plena naturaleza.
Desde sus primeros años como estudiante hasta las vidas de los muchos alumnos a los que sigue marcando como profesora tan querida, la hermana Paula está eternamente agradecida por la llamada de Dios a las Hermanas de la Providencia.
«Es una decisión acertada. Nunca he dudado de ella». Te lo digo en serio.
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