El novicio entra en la comunidad de El Salvador

6 de septiembre de 2005

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La hermana Margarita Hernandes empezó a investigar en 2001.

Se ha unido a Vilma Franco en Santiago de Chile, donde ambas están haciendo el noviciado canónico, por cortesía del Consejo Provincial de la Provincia Bernarda Morin.

Margarita nació en noviembre de 1980 en Puerto Parada, Usulután, y se trasladó con su familia a La Papalota cuando tenía 10 años, buscando escapar del conflicto y el miedo de la guerra civil. Sintió que su vida cambiaba cuando conoció a sus nuevos vecinos en su pequeño pueblo en 1995. «Dios, que es Providencia, vino a mí», dice. Las Hermanas de la Providencia habían llegado y vivían justo enfrente de su casa.

Ella y su hermana mayor Rosa se involucraron en programas de catequesis y grupos juveniles, así como en la preparación de la liturgia y en grupos de danza. Las hermanas invitaron a Margarita a pensar en la vida religiosa. En 2001, participó en una experiencia de «Venid y veréis» y al año siguiente comenzó una experiencia de vida más larga con las Hermanas María Antonieta Trimpay y Mónica Campillay.

Margarita fue recibida como postulante en septiembre de 2002, con su padre, hermanos y hermanas a su lado. Su madre había muerto ese mismo año. Durante la etapa de formación del postulantado, esperaba poder «formarme bien para servir a los demás y para llegar a ser Hermana de la Providencia, con todos los momentos bonitos y difíciles que eso pueda conllevar».

Al principio, temía no conseguir entrar en la comunidad. Ya no lo teme, pero sí cuestiona su propia capacidad de apertura en el proceso de formación. Dice que lo que más le ha ayudado en su proceso de discernimiento es «el acompañamiento de un director espiritual y mi propia oración personal».